Estas son las energías gastronómicas de diciembre en el hemisferio norte

Las energías gastronómicas de diciembre están en cada bocado que das. Más allá del sabor, ¿sabes qué estás comiendo?

 

Descubre cómo se reflejan las energías gastronómicas de diciembre en el sabor de tu plato y las costumbres que lo rodean

 

La gastronomía está conectada con la tierra y sus ciclos. Las estaciones nos cuentan qué toca comer, cuándo plantar y cuál es el momento idóneo para cosechar.

Los humanos hemos acompañado y materializado estos ciclos a través de ritos y celebraciones desde hace siglos. Nos ayudan a:

  • conectarnos con el presente
  • tomar consciencia de nuestro lugar
  • vincularnos con el entorno

 

A medida que nos identificamos con la sociedad del consumo, lo cíclico y lo gastronómico se va desdibujando en pos de lo global. Todo está siempre al alcance de la mano. Las ceremonias y rituales pierden sentido. Y junto a ellas, nuestro arraigo al aquí y al ahora.

En un último intento por no dispersarnos en un limbo en el que siempre todo es posible, convertimos productos en religión, restaurantes en templos y redes sociales en rituales.

Pero, ¿cuáles son las energías gastronómicas que han impregnado diciembre desde antaño?

 

Diciembre, desde la oscuridad a la luz

En este artículo haremos un viaje a través de las emociones de diciembre para descubrir cómo se materializan en los alimentos que comemos y los rituales que celebramos. De este modo:

  • Si tienes un proyecto gastronómico, te servirán para vincularlos con tu oferta y darle un contexto espacio temporal. Te resultará especialmente útil si tu producto o servicio tiene alma artesana, km 0 o slow food.
  • Si estás aquí porque te fascina la gastronomía, quizás encuentres alguna idea que te aporte un rayo de tranquilidad y conexión para tu práctica gastronómica.

Desvelemos pues la identidad de diciembre.

 

Mood (g)astronómico de diciembre

Diciembre es el mes número 12 del año. Expresa la idea de final de un ciclo y comienzo de otro. Pasito a pasito nos acercamos al momento más oscuro del año, el solsticio de invierno. 

Diferentes culturas a lo largo de la historia se preparaban para volver a dar la bienvenida al sol, y es que alrededor del día 21 de diciembre los días vuelven a hacerse más largos.

Así, comienza el viaje hacia la primavera, la prosperidad y la luz.

Esta idea, fruto de diversas mitologías, religiones y culturas, impregna una gastronomía con un significado que no siempre recordamos.

  • Rojas manzanas que simbolizan el sol
  • Efervescentes burbujas en copas que chocan invocando prosperidad
  • Galletas de jengibre que evocan riqueza

 

Cada bocado se relaciona con la muerte (noche más larga del año) y resurrección (los días vuelven a hacerse más largos) de un sol que nos devolverá una tierra próspera cuando el frío se haya ido y el campo vuelva a florecer.

Así, los alimentos propios de las celebraciones de este mes simbolizan todos esos deseos de que, tras la oscuridad (con su escasez), vuelva a reinar la luz (con su abundancia).

 

Emociones gastronómicas en diciembre

Todas estas ideas despiertan en nosotros un mundo de emociones que cristalizamos en los banquetes que preparamos y los rituales que lo acompañan.

En diciembre estas celebraciones son tan poderosas que su energía impregnan todo el mes.

  • Especias como el clavo, la canela y el jengibre nos ayudan a entrar en calor y bañar el hogar con deliciosos aromas.
  • Los sabores nos devuelven a la infancia y nos evocan esperanza, refugio y gratitud.
  • La luz de las velas y las bebidas calientes crean un ambiente de armonía.
  • Los platos nos transmiten recogimiento, calma y confort.
  • Las mejillas se sonrojan tras cada comida y el borboteo de las ollas nos invita a sonreír y compartir.

 

De este modo buscamos compensar la esencia de este mes:

A través de la calidez, luz, calma y generosidad equilibramos la sensación de temperaturas frías, noches oscuras y largas, clima violento con heladas ráfagas de viento, nevadas o fuertes lluvias y la escasez de frutos y alimento que trae consigo el invierno.

Por eso, junto a estas ideas y emociones, diciembre habla de:

  • Calles, banquetes, árboles, casas… iluminadas
  • Brindar con nuestros seres queridos nuestra unidad familiar 
  • Ambientes de felicidad y armonía
  • Que no falten los turrones, el roscón de reyes, las pastitas navideñas, el jamón, las gambas, el potaje de Nochebuena, Glühwein (en fin, todo depende de la cultura de cada casa).

 

Cómo se reflejan en las imágenes

¿Cómo se transforma estas palabras e ideas en señales que podemos percibir con el sentido de la vista?

  • Colores:  rojos y dorados llaman al calor y a la fuerza del sol.  Los verdes emulan la riqueza de la tierra.
  • Formas: campanas para auyentar la negatividad, abetos que simbolizan la fertilidad continua de la tierra a pesar del invierno, círculos que emulan el sol y estrellas que nos protegen, señalan norte y alejan lo malo. Todas estas ideas se cuelan en las formas que damos a nuestros dulces y en la decoración que acompaña mesas y platos.
  • Texturas: purpurina y materiales brillantes que reflejan la luz nos recuerdan que la oscuridad acabará disipándose.

Cómo se reflejan en otros sentidos

  • Sonidos: tintineos y golpes se llevan la palma. Campanas, enérgicas panderetas y tambores o el tintineo de un cubierto en la botella de anís rompen el silencio de la oscuridad llamando la luz.
  • Aromas: canela, manzana, mazapán, anís, clavo, chocolate o almendra tostada encierran la misma energía que el sol: envolvente, cálido y dulce.
  • Sabores: acompañando los aromas, las temperaturas de nuestras bebidas y comidas aumentan, las cocciones se vuelven más lentas y prolongadas y las texturas se tornan densas. También aquí buscamos restaurar el equilibrio y entrar en calor.

Pero, ¿cómo se consiguen estos sabores? echemos un vistazo a la cocina energética, seguro que encontramos algunas ideas:

La cocina energética invernal

La cocina energética promueve una alimentación basada en alimentos estacionales y locales. Además, nos propone cocinarlos y combinarlos de forma que podamos mantener sus propiedades.  ¿La idea? Componer platos que velen por el equilibrio nutricional y energético que necesitamos en cada momento del año y etapa de nuestra vida.

Por eso, divide los alimentos, especias y bebidas, así como estilos de cocción según el tipo de energía que nos aportan. Como ya hemos visto, diciembre nos habla de:

  • calor
  • luz
  • dulzura
  • densidad
  • recogimiento

Por eso, la cocina energética nos propone acercarnos a los alimentos que da la tierra ahora. Y es que resulta que encontramos dulzura organoléptica y densidad nutricional de forma natural. Por ejemplo en la cebolla, la calabaza o el boniato. Luego ya seremos nosotros, con la sabiduría adquirida (cocina), los que despertaremos, más aún si cabe ese dulzor, esa densidad y ese calor a través de la forma de preparar nuestros platos.

Hablamos de:

  • Fuego más lento
  • Tiempo de cocción más largos
  • Condimentos salados (como por ejemplo, miso, tamari, umebosi)
  • Condimentos yin (por ejemplo, especias, algas, vinagres) para dinamizar platos muy yang
  • Cocina más seca que en otras estaciones (por ejemplo, los horneados).

Aquí, ahora, diciembre

Como te contaba al principio de este post, escuchar y entender la energía gastronómica de cada estación y mes nos ayuda a:

  • conectarnos con el presente
  • tomar consciencia de nuestro lugar
  • vincularnos con el entorno

Es decir, vivir de una forma más consciente, saludable y feliz.

Quién sabe, quizás podamos, a través de la gastronomía, conectarnos de verdad al mundo que nos rodea y a las personas que viven en él. Y quizás alcancemos así la paz que buscamos.

Dicho esto, me encantaría conocer cuáles son tus costumbres durante este mes: qué plato acompaña siempre tu mesa, cuál es tu villancico favorito (o si eres de las personas que no los tragan) o qué emociones te visitan en diciembre. También si vives en el hemisferio sur. Siento mucha curiosidad por cómo se vive esta etapa del año en (lo que desde aquí parece) el otro lado del mundo.

Como siempre, te recuerdo que cada domingo por la mañana envío la Pepaletter, si te apetece desayunar leyendo un coqueto boletín con ideas y reflexiones gastronómicas, puedes apuntarte aquí.

Pepa Cartini
hola@pepacartini.com

¡Hola, soy Pepa!Escribo, te acompaño y creo contenidos para que tu experiencia como gastrocreativa o gastrocreativo sea una pizca más auténtica, consciente y divertida.

2 Comentarios
  • Tamara
    Posted at 12:12h, 06 diciembre Responder

    Hola Pepa! Es curioso como este año estoy observando que las personas tienen muchísimas ganas de Navidad, y tras leer tu post de hoy entiendo perfectamente el porqué. En mi caso este año me pide el cuerpo volver ,gastronómicamente hablando, a las Navidades pasadas como si de un cuento de Charles Dickens se tratara. Me apetece montar una mesa con una vajilla muy tradicional, bandejas de mariscos y embutidos, carnes o pescados al horno servidos en bandejas para compartir. Desempolvar la sopera y preparar un guiso servido con cazo de plata labrado. Me apetece volver a mi infancia y sentir que los aromas de mi cocina me devuelven a una infancia, a un tiempo donde todo parecía seguro e incluso se antojaba mejor. Un beso enorme.

    • Pepa Cartini
      Posted at 07:10h, 08 diciembre Responder

      ¡Hola Tamara!

      ¡Qué maravilla, me has trasladado a tu mesa navideña por un momento!

      Justo lo que describes es la reacción que tenemos ante un contexto inabarcable como el de 2020. La búsqueda de un espacio amable y seguro es propio del arquetipo de La Idealista. Este arquetipo nos dice: «como ahí fuera todo es peligroso, imposible de controlar y difícil de comprender, construyo un mundo ideal en el que todo está bien, todo es seguro, todo es posible».

      Como dices, en la gastronomía volvemos a los sabores de la infancia, los productos que nos recuerdan a un pasado mejor o que reflejan el futuro que imaginamos. La Navidad, además de ser muy mágica, es también muy «idealista». Y este año, más aún si cabe.

      Me ha encantado leerte.¡Un abrazo!

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