El secreto de la palabra “proyecto”

Tener un proyecto es tener un objetivo, una meta, una dirección, una estrella polar, un foco que alumbra el camino, una misión, una gesta…

Dice la RAE que un proyecto es idear, trazar o proponer el plan y los medios para la ejecución de algo.

Wikipedia comenta que un proyecto (del latín proiectus) es una planificación que consiste en un conjunto de actividades que se encuentran interrelacionadas y coordinadas.

Un proyecto da sentido a todas nuestras acciones. Da sentido a nuestra vida y nuestra existencia.

Ahora, a punto de finalizar la primera mitad de mi proyecto, sé que este es mi proyecto profesional, que forma parte de mi proyecto vital: convertirme en la mejor persona que puedo llegar a ser.

Señores, I have a dream, y eso da sentido a todo lo que hago.

¿Cómo saber si es hora de desarrollar un proyecto propio?

Hace 4 años tomé la decisión más importante de mi vida.

Me encontraba en un balneario situado en un pueblo de montaña de Granada retirado de mi vida habitual.

Pasé un mes entero allí.

Todos los días hacía lo mismo: pasear, leer, escribir y sesión de baños con sales minerales.

30 días seguidos.

Sabía que había llegado a un punto en mi vida en el que algo tenía que cambiar.

Hasta entonces, había saltado de ciudad en ciudad, de carrera en carrera y de trabajo en trabajo.

Sentía que todos a mi alrededor tenían un rumbo menos yo, que bailaba, ligera como una pluma según cómo soplara el viento.

Ese verano, en agosto de 2015, decidí planteármelo todo

Y me di cuenta de algo doloroso: a pesar de que todo en mi vida parecía ir bien, yo no era feliz.

Tenía muchos amigos, me iba bien con mi familia, que estaban muy contentos porque iba a heredar el negocio familiar, mi novio era maravilloso, mi cuenta bancaria no andaba mal…

Pero no era feliz.

¿Por qué?

Descubrí que imaginar el futuro de la vida que llevaba me ahogaba. Me sentía como un insecto atrapado en una tela de araña intentando deshacerse de esos pegajosos hilos a toda costa.

Pero cuanto más me movía, más atrapada estaba.

¿Era esto realmente lo que yo quería?

Lo cierto es que no.

Pero, ¿qué era entonces?

La puerta hacia un camino, el mío

La única forma de conseguir respuestas es hacerse preguntas, o lo que es lo mismo: Ningún viento es favorable para el barco que no sabe dónde ir.

Al plantearme mi vida de la forma más sincera que pude, no solo descubrí quién era, sino quién quería ser.

Lo cierto es que lo que imaginé en ese momento me parecía poco realista, pero había llegado a un punto en el que no tenía nada que perder.

La cosa solo podía mejorar.

Así, decidí empezar el camino hacia mi vida.

Entendí dónde estaba y tracé un plan para los siguientes 10 años ignorando todo lo que se suponía que había que hacer de los 30 a los 40.

Pasé de pensar que mi vida había acabado para entender que mi vida acababa de comenzar.

Tenía mucho que hacer. La cosa no pintaba precisamente fácil, pero imaginar este futuro sí me emocionaba y me llenaba de la ilusión necesaria para construirlo con todas mis ganas.

Por fin tenía un proyecto

Había decidido que me dedicaría a lo que siempre había querido: escribir y crear.

Hice una lista de todo lo que necesitaba para converitr mi idea en realidad y comencé a andar.

Empecé formándome para alcanzar mi sueño: redacción profesional, fotografía para redes sociales, marketing digital, publicidad…

Y me enfrenté a un miedo que me acompañaba desde pequeña, el miedo escénico.

Me ofrecí voluntaria para hablar de lo que iba aprendiendo en diferentes escenarios.

Y lo logré.

Pasé de apuntarme a teatro con 8 años para quedarme en las butacas como narradora, a hacer presentaciones sobre mis ideas y aprendizajes ante 100 personas.

Y aquí estoy, a un año de llegar a la mitad del camino.

Tocaba ajustar la brújula y ha sido en ese ajuste donde he encontrado la palabra “proyecto”.

He pensado que quizás te podría ser útil. Para mí lo está siendo mucho.

Los obstáculos y las desviaciones son parte del camino

En estos 4 años he aprendido algunas cosas importantes sobre tener un proyecto. Por ejemplo:

  • Hay que recordarse la meta continuamente para no dejarse arrastrar por el bombardeo de información que nos rodea. Ahora entiendo el sentido de la frase que forma parte de la llamada a la oración de los musulmanes “Hayya alal Falah” . Con estas palabras se recuerdan (¡5 veces al día!) la vuelta al camino recto, la vuelta al camino que han elegido.
  • La recompensa es el camino, no la meta. Vivir con un proyecto, con un sentido, llena la vida de color y profundidad con lecciones y encuentros mágicos.
  • Los demás no tienen por qué entender el camino (pero ayuda mucho que los más allegados lo respeten).
  • Lo único que importa es seguir andando.

Mi vida hoy

Es curioso, porque desde fuera mi vida parece peor que antes:

  • No tengo ni idea de qué pasará mañana.
  • Me quedan menos de la mitad de los amigos que tenía antes.
  • Mi familia no termina de entender del todo cómo pudiendo quedarme con un negocio familiar que lleva casi 30 años funcionando (y en el que ya está casi todo hecho), decido aventurarme en el pedregoso camino del emprendimiento.
  • Mi pareja no comprende por qué trabajo bastante más horas de las que monetizo.
  • Mi cuenta del banco no tira cohetes precisamente porque invierto todo lo que puedo en seguir creciendo.

Pero yo soy muy feliz: tengo un proyecto y mi vida tiene sentido.

Pepa Cartini
hola@pepacartini.com

¡Hola, soy Pepa!Ayudo a personas creativas que quieren expresarse a través de la gastronomía a encontrar su propio mensaje mediante su identidad verbal para construir un proyecto a su medida y comunicarlo de forma apetecible gracias al copywriting gastronómico.

Me encantaría leer un mensaje tuyo

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